El día en el que tu cuerpo deja de responder como “debería” no es el día que se daña, es el día en el que la última gota colma el vaso y ya no puede sostener nada más.

El problema es que nadie te enseñó cómo dejar de llenarlo. Sanar de verdad es cuando dejas de centrarte en los síntomas y te centras en vaciar el vaso.

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